Título: Yesteryear
Autor: Caro Claire Burke
Número de páginas: 488
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: AdN
Lengua: Castellano
Año de publicación: 2026

«Me llamo Natalie Heller Mills y era perfecta en el arte de vivir»

Este libro me ha dejado con esa sensación rara de no saber muy bien si lo que he leído es una historia o un espejo incómodo. Hay libros que te enganchan por la trama y otros que te dejan pensando más en lo que cuestionan que en lo que cuentan. Yesteryear pertenece a estos segundos.

«El objetivo de una influencer no es ser adorable ni insoportable. El objetivo es ser ambas cosas a la vez. En otras palabras, adictiva»

La historia de Natalie no es solo la de una influencer tradwife que se va desdibujando entre la vida pública y la privada. Es la de una identidad que se construye en redes… hasta el punto de no saber dónde termina el personaje y empieza la persona. Y lo interesante no es el giro en sí, sino cómo se va creando esa sensación de pérdida de control sin que te des cuenta.   

«Al principio tienes que fingir que algo te gusta y, si finges durante el tiempo suficiente, puede que acabe gustándote»

Y ahí está lo más interesante: es el colapso de una narrativa que ella misma alimenta durante años, con un entorno que no siempre frena, que a veces impulsa y otras simplemente mira. Caleb, de hecho, me ha resultado incómodo. No es solo un acompañante pasivo: participa, valida, empuja decisiones clave… pero luego mantiene una distancia que hace que el peso emocional caiga del mismo lado. Esa asimetría es de las cosas que más me han removido.

«Un espacio siempre debe parecer habitado para que alguien quiera vivir en él. Es algo obvio, si te paras un momento a pensar, pero la mayoría de la gente no se para un momento a pensar en nada. La mayoría de la gente es idiota»

Y Clementine… es la que no quiere ser parte del relato, la que desde pequeña percibe que algo no es sano, aunque nadie lo diga en voz alta. Me ha gustado cómo introduce la mirada de los hijos, no como recurso decorativo, sino como contraste real frente a la narrativa de los adultos. Ahí es donde la historia gana fuerza y pierde cualquier idealización posible.

«Es fácil ir a todas partes cuando eres tú el que pone las trampas»

Lo que más me ha quedado no es una trama cerrada, sino una idea: qué pasa cuando la vida empieza a organizarse para encajar en una historia, y no al revés. No busca comodidad ni respuestas cerradas; sino que te obliga a quedarte con preguntas abiertas sobre identidad, exposición y los límites entre vida y relato.

«Mi marido se movía instintivamente por el mundo, hacía las cosas que quería hacer y no hacía las que no quería hacer, y yo (mujer feliz, vida feliz) me paseaba beatíficamente por delante y por detrás de él, fregando el suelo para que él avanzara y, con la misma rapidez, fregando sus sucias pisadas»

Yesteryear no es un libro cómodo, pero sí de los que se quedan dando vueltas mucho después de cerrarlo.